Córcega, que surge de las entrañas del Mediterráneo, ejerce un poder magnético sobre el viajero. Desde el aire, la mirada se pierde en sus maravillosos golfos y en sus picos afilados cubiertos de nieve, mientras que desde tierra firme los sentidos se embriagan con sus misteriosos matorrales que desprenden aromas de tomillo, lavanda y menta silvestre. Durante los largos días de verano, bajo un sol abrasador, sus ríos de color esmeralda te traen un frescor muy bienvenido.
Es al norte de esta isla encantadora, concretamente en Balagne, adonde te llevo en este artículo. Allí, la artesanía se va descubriendo de aldea en aldea.
La Balagne, una microrregión mediterránea entre grandeza y cambios
La Balagne, una microrregión del noroeste de la isla, es un concentrado de lo que hace que Córcega sea Córcega: un territorio rural arraigado entre el mar por un lado y la montaña por el otro. Gobernada primero por los romanos y luego por los pisanos y los genoveses, la región se abre al Mediterráneo y vive un periodo de gran prosperidad. Allí se producen vino, aceite y cereales, con los que se comercia.
Los señores locales, o «sgiò», desempeñaban un papel importante en el ámbito político y económico, mientras que la Iglesia ocupaba un lugar destacado en la vida cotidiana de los ciudadanos. A la microrregión incluso se la llamará «Sainte Balagne», tal es el aumento del número de lugares de culto durante la época pisana. Este orden de cosas se mantendrá hasta las últimas décadas del siglo XIX, que marcan el apogeo de la sociedad tradicional corsa.

Sin embargo, con la Primera Guerra Mundial, los corsos pagaron un alto precio que provocó el colapso de esa sociedad. A esto se sumaron los profundos cambios que estaba viviendo el mundo, lo que llevó a los habitantes a exiliarse al continente o a grandes ciudades como Ajaccio y Bastia.
Aunque hoy en día la Balagne es una zona muy marcada por el turismo de verano, se ha mantenido un núcleo sólido de población que sigue con las tradiciones ancestrales que se han ido transmitiendo de generación en generación.
Una asociación de artesanos que puedes «recorrer» por las carreteras de Córcega
En 1993, la Cámara de Oficios de Alta Córcega convocó a todos los artesanos y productores a una reunión que daría lugar a la asociación «La Strada di l’Artigiani». El objetivo es dar a conocer al público en general los oficios que practican en los pueblos de Balagne los artesanos artísticos y gastronómicos, así como los productores agrícolas.
Al año siguiente, se creó una ruta temática con el mismo nombre que la organización, que en francés se traduce como «La ruta de los oficios de Balagne». La asociación cuenta hoy con 49 socios repartidos por todos los municipios de Balagne.
A este respecto, tiene una página web en la que puedes acceder a un mapa interactivo donde aparecen las ubicaciones de los artesanos. La ruta, con un encanto muy especial, serpentea por pequeñas carreteras bajo la mirada benevolente del Monte Grosso (1935 metros), mientras te ofrece unas vistas impresionantes de la costa. Te lleva de pueblo en pueblo, por un paisaje con vegetación escasa donde el milano real, un ave rapaz muy común por la zona, nunca está lejos.



El recorrido te permite descubrir los talleres de esas mujeres y esos hombres que han decidido plasmar con sus manos lo que tienen en la cabeza. La variedad de objetos que fabrican y la riqueza de la producción agrícola, en un territorio relativamente pequeño, hacen de la Ruta de los Artesanos un lugar increíble en la Isla de la Belleza.
Cuchillería, cerámica, cultivo del olivo, viticultura… Aquí encontrarás todo tipo de oficios
Entre los muchos oficios tradicionales que hay, la cuchillería corsa tiene una presencia destacada. En Calvi, Gilles García te recibirá en su taller «A Funderia», una fundición de bronce de inspiración antigua.
También en la ciudad de Cristóbal Colón, Pol Demongeot crea una cuchillería artística original y elabora piezas únicas. Trabaja con una forja de carbón conocida como «japonesa» y domina un gran número de tipos de acero. Al igual que otros antes que él, se ha incorporado al Centro Etnográfico de Investigación Metalúrgica (CERM) de Lumio para desarrollar sus habilidades y aportar sus conocimientos.
El Mediterráneo, desde la Antigüedad, es una zona donde se practica la viticultura. Córcega, al igual que la Balagne, no es una excepción. Propiedad de la familia Acquaviva desde hace tres generaciones, la finca Alzipratu se extiende a lo largo de más de cuarenta hectáreas entre los municipios de Zilia, Moncale y Calenzana. Situados a los pies del macizo del Monte Cintu, y a solo unos minutos de la costa, los viñedos disfrutan de una influencia climática que combina el mar y la montaña.
En Alzipratu se cultivan todas las variedades de uva principales de la isla, lo que permite al viticultor elaborar diferentes vinos con un carácter muy marcado. En cuanto a los tintos, el Iniziu procede de las parcelas más antiguas de Niellucciu, mientras que el Suale se elabora a partir de una parcela de Sciaccarellu donde pastan ovejas cada invierno. El Fiuri, por su parte, es una mezcla de Minustellu y Aleaticu. La cosecha Lume, criada en barricas de roble y acacia, se elabora con Vermentinu y ofrece un blanco rico y complejo.
Pigna, un «nido de águila» a 260 metros de altura, es un lugar de tranquilidad absoluta en el que no te puedes perder. El pueblo, con sus casas de color claro y sus contraventanas azules, acoge a una importante comunidad de artesanos y músicos.
Con el objetivo de recuperar instrumentos olvidados, como la Cetera (la emblemática cítara corsa), Ugo Casalonga fundó el taller de luthier «A Casa Liutaiu». Desde hace más de treinta y cinco años, crea y fabrica instrumentos de cuerda, cada uno de ellos auténtico. Desde la vihuela hasta el clavicémbalo, pasando por el laúd, este artesano de refinada maestría ha tenido la oportunidad de trabajar con muchísimos músicos.
En las callejuelas de Pigna, justo después de un cruce, se encuentra el taller «A Ceramica di Pigna». Situado en lo alto del pueblo, Cyril Quilichini usa diversas técnicas de torneado, estampado y moldeado para crear loza, gres, máscaras y placas esmaltadas. Junto a su padre, lleva veinticinco años redescubriendo los procesos decorativos de antaño, así como ciertas formas y colores propios de la cuenca mediterránea.

Para los sibaritas y los amantes de la buena mesa, Pigna está llena de sitios estupendos donde disfrutar de la puesta de sol mientras picas algo (A Moresca, A Casarella).
La ruta de los artesanos también incluye a las olivareras y los olivicultores. Isabelle Tommasini, de Avapessa, te invita a probar y comprar directamente en su finca aceite de oliva con DOP de Córcega.
Del mismo modo, David y Dominique Bichon invitan a los curiosos de la zona del valle del Reginu a descubrir dos aceites de oliva virgen extra elaborados con diferentes variedades de aceituna. La Sabina es la variedad principal de la región de Balanine y se caracteriza por un ligero toque picante con aromas a pimienta verde en el retrogusto, propios de la cosecha de invierno. Por su parte, la Germanghja tiene un sabor afrutado y vegetal con notas de hierbas frescas y guindilla. Su cierto toque intenso, a la vez que suave, te permite usarla tanto en platos calientes como fríos.

Aunque ya se han mencionado bastantes oficios y especialidades, también podríamos citar a los artesanos del vidrio, los jaboneros, los pasteleros, los joyeros, los galleteros, los cesteros o incluso los marroquineros.
La Balagne es una zona que destaca por su exuberante naturaleza, sus paisajes de postal, sus artesanos y sus productores. Sin ellos, se quedaría sin esa alma que le da vida. Aquí, quizá más que en ningún otro sitio, el espíritu de los lugareños es tan fértil como la tierra en la que viven. Es un lugar de abundancia, pero, sobre todo, un territorio en el que la gente de aquí no se ha rendido.